Indiana, Indiana.... ¡Nos tienes hasta la banana!
El Perú ante los ojos del mundo: Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal mezcla líneas de Nazca con pirámides mayas mientras el quechua es la lengua natal de Pancho Villa en un arroz con poto imperdonable Los 311 millones de dólares que la taquilla de Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal ha recaudado en su primer fin de semana, confirman que la atención de los cinéfilos del mundo está sobre la última aventura del abuelito Harrison Ford, el Hiram Bingham hollywoodense, el gran saqueador de tesoros que esta vez nos honra con su visita y se interna en inhóspitos parajes supuestamente enclavados en nuestro querido Perú.
Pero, ¿se trata de otro orgullo más acaso equiparable a entrar en las 7 maravillas? Es cierto que nos pone otra vez ante los ojos del mundo pero mejor no nos apresuremos demasiado en celebrar….pues salir en esta peliculita de marras nos está costando a los peruanos el ser presentados ante el mundo como una especie de africanos mayas quechua-hablantes constructores de una improbables líneas de Nazca cuzqueñas invadidas por los insaciables saqueadores rusos.
Así es, tal como lo leen, ahora resulta que los peruanos provenimos de una extraña raza de mariachis artífices de ruinas perdidas entre las altísimas cataratas de....Iquitos, esa ciudad de la jungla tan conocida por sus ruinas extraterrestres. ¿Cuánto Perú sale realmente en Indiana Jones?.Está bien, es una historia de ficción, okay. Pero….si van a hacer su rico billete invocando en vano el sagrado nombre de nuestro país, nuestra historia y nuestra cultura, ¿qué les cuesta respetar mínimamente algunos elementos básicos que son cosa de conocimiento universal, digo, de cultura general? Para inventariar las numerosísimas inexactitudes históricas, geográficas y arqueológicas, fuimos a ver este faltoso bodrio hollywoodense. Si usted no la ha visto todavía, permítannos arruinarles la sorpresa. O ahorrarles el colerón, más bien... En principio, Indiana Jones y su hijo Mutt, aterrizan en un supuesto aeropuerto de Nazca, que, por supuesto, está todo llenecito de gallinas pues es sabido que –para los gringos- en Latinoamérica hay que caminar siempre espantando gallinas por doquier.
Muy bien, pasemos por alto también el hecho intrascendente de que Nazca no tiene aeropuerto sino un simple aeródromo desde el cual parten las charcherosas avionetas en que los turistas suelen morir sin haber visto las líneas de Nazca. El aeródromo no tiene absolutamente qué ver con el que muestra la cinta pero no importa, total, es ficción. Hagamos piadosos oídos sordos a las rancheritas con que un invisible grupo de mariachis acompaña la triunfal llegada de Mister Jones al Perú. No mames, guey. Pero no seamos picones, its okay, it doesnt matter Aunque, wait a minute: ¿Saben ustedes dónde queda esa misteriosísima Nazca que ni usted ni yo conocemos? Pues, según Spielberg, Nazca queda en el Cuzco!. Excuse me? ¿No será que Machu Picchu se mudó a Ica? Pero no reneguemos tanto…seamos tolerantes….Esa podría haber sido una pequeña imprecisión, un desliz, un resbalón chiquito, perdonable. Mejour sigamous aprendiendou history, profesour Indiana. Aprendamos que el Perú es un país que está ubicado en Mesoamérica –la actual América central –lo cual nos convierte en orgullosos depositarios de una milenaria cultura precolombina: Los mayas. A los reyes de la puna, les van a vender mallas. O sea, como quien dice de Guatemala a Guatepeor. ¿Mayas nosotros?, ¿qué cosa?, ¿a los hombres?.
Dejemos a un lado la ciudad cuzqueña de Nazca del mesoamericano país de los mayas: el Perú y vayámonos al Amazonas, selva adentro de Iquitos. El buen Indiana busca el templo de Akator, una pirámide construida por nuestros antepasados. Es curioso el parecido que tiene esta construcción con la mexicanísima pirámide de Tulúm que, perdonen el verso, están en Cancún…. ¿No hubiera sido más fácil ubicar este reino en Kuélap, en Chavín de Huántar, en Pisac, en Chan Chan, en Caral, en Pachacamac o, sin ir más lejos, en la Huaca Pucllana? No deja de ser curioso además, que las legendarias paredes de cartón piedra de este hierático templo mexicano del Perú tengan tantos africanos colgando de las paredes. ¿A qué etnia pertenecerán estos peruanos? –nos preguntamos- ¿Serán zulúes, serán masais? En el colmo de la cacha, la locación que Spielberg y Lucas eligieron para darle al viejo Indiana un cierto cachet intelectual fue nada menos que la Universidad de Yale, una venerable institución cuyo prestigio mundial es tan inmenso como el descaro con que sus estudiosos saquearon Machu Picchu y se apropiaron de innumerables, invalorables tesoros peruanos que hasta ahora no hemos logrado –del todo- repatriar. Como para que cualquier parecido con la realidad no resulte demasiada coincidencia, el guión convierte a los villanos saqueadores de nuestros tesoros en rusos, escucho bien, unos insensibles y robotizados rusos comandados por esta beldad que se confiesa engreída de Stalin. ¡Destaparova! Los rusos podrán ser todo lo que ustedes quieran pero, por lo menos, nunca vinieron a huaquear en tierra ajena. En otro momento del film, el peruanista Jones se refiere -con su clásica erudición al descubridor de nuestro río Amazonas- el conquistador Francisco de Orellana al tiempo que muestra un grabado en el que cualquier peruano con primaria completa logrará reconocer a una de las estrellas de nuestros aburridos textos escolares: ¡Don Francisco Pizarro! Pero si piensan que ya tuvieron suficiente, esperen a enterarse como aprendió Indiana a hablar el quechua. ¿Adivinaron? Muy fácil: se lo enseñó...¡un amigo de Pancho Villa! ¡Órale! ¿A poco hablaba quechua, Don Pancho? ¿Qué pasó, qué pasó, vamos áhiiiiii? ¿Y en qué parte de Iquitos estarán ubicadas esas majestuosas cataratas de Hawai? ¿Hay alguna razón para sentirnos orgullosos de que Hollywood ensucie y despedace de esta manera nuestra historia? ¿Por qué será que cada vez que aluden al esplendor de nuestras culturas milenarias los gringos no encuentran mejor manera de ningunearlas que atribuyéndoles siempre el mismo ridículo origen extraterrestre? Señor de Sipán, phone home!
(Artículo enviado a mi correo electrónico)